La Patria del Castigo
La vida ya nos castigó. Es esta, nuestra existencia enajenada, vil y reducida la recompensa por haber sido los victimarios más chingones de todos los tiempos. Tenemos el singular don de violar, desvirtuar y por último destruir a todo cuanto tocamos. Somos vencedores de vírgines y niños desamparados. Conquistamos aldeas pobladas por viudas trémulas y hambrientas. Por eso somos los más chingones, porque no nos tentamos el corazón para chingar al más débil y nos llena de orgullo cada gota de sangre derramada porque fortaleza nuestra virilidad. Esta sociedad es una llaga putrefacta.

